Premsa

El valencianismo cambia el relato

15/2/2016
Publicat en Levante, 15/11/2015

PACO CERDÀ. Como aquel sin techo que mendigaba un bocadillo en la esquina y jamás tuvo que elegir entre un plazo fijo o un fondo estructurado para diversificar su inexistente capital, el valencianismo político que rondaba el 2,5 % de votos en los años noventa, que tuvo que aliarse con extraños compañeros de cama para superar la barrera del 5 % y entrar en las Corts, aquel valencianismo humilde, combativo y pobretón que sólo soñaba los rotllos que ansiaba, nunca tuvo necesidad de plantearse en serio —más allá de castillos en el aire y metavalencianismos de ombligo— cómo volcar el tablero político y social. Cómo conseguir la transición identitaria de los valencianos para que sus postulados ideológicos conquistaran la mayoría.

No tuvo que preguntarse qué estrategia seguir para invertir todo su capital (inexistente) a un caballo ganador (del que no había rastro). Ahora, tras el boom de Compromís —entre el 15 y el 20 % del voto y con cotas de poder nunca imaginadas— sí hay equino en buena posición para competir en la carrera ideológica y aprovechar que el tablero (también el propio, pero ésa es otra cuestión) está agitado.

Pues bien: en esta coyuntura con sabor a punto de inflexión, en esta encrucijada para el valencianismo, un primer libro emerge con vocación de hoja de ruta para invertir bien las ganancias de esa primera gran collita del 24-M. El valencianisme enfront d’Espanya, editado por la Fundació Nexe y escrito por el politólogo Amadeu Mezquida (director de la exitosa campaña electoral de Compromís en Valencia, número dos del Bloc en el cap i casal y asesor del concejal Pere Fuset), es claro en su tesis: ha llegado la hora de explicitar el conflicto identitario y consolidar un nuevo eje en la política valenciana: el eje centro-periferia. Abrir la puerta al nacionalismo valenciano.

Si para la familia Corleone sus acciones no eran nada personal sino sólo negocios, este libro no habla de ideología, sino únicamente de estrategia. Y ahí radica su interés: en las herramientas discursivas y de enfoque que propone para hacer crecer el discurso valencianista hasta convertirlo en mayoritario.

Nacionalismo, no; España, sí. Podría empezarse por los titulares llamativos. Basta de palabras que asustan como nacionalisme valencià o nació; hay que priorizar valencianisme —que incluye en su seno al regionalismo, federalismo, independentismo, foralismo, etc.— o poble. Basta de hacer pivotar el sentimiento valencianista sobre elementos étnicos que excluyen a las mayorías como la lengua, la cultura propia, la historia o símbolos en permanente discusión; es más útil que el valencianismo se legitime por cuestiones cívicas como el derecho a una mejor financiación o el respeto al territorio.
Y sobre todo: basta de demonizar la idea de España con la que se identifica la gran mayoría de los valencianos. Es una cuestión de lógica, subraya el autor: «España ha de estar muy presente en la estrategia identitaria del valencianismo. España no debe ni puede ser ignorada, no debe ni puede ser —simplemente—negada. Desde el momento en que constituye la identidad básica del pueblo al cual se apela, surge la necesidad de elaborar un discurso capaz de analizar la identidad española, de cuestionarla y de influir en ella».

El objetivo de este acercamiento, revela Amadeu Mezquida, es «conectar definitivamente con una sociedad incapaz de entender y asimilar una propuesta identitaria nueva sin antes ser conducida por el necesario tránsito de cuestionar la manera de entender su identidad, su españolidad». En resumen: aplicar una estrategia de «deconstrucción de la identidad española» dominante entre los valencianos.

Cambio de marco. Esa estrategia requiere, a juicio del autor, formas que no ataquen frontalmente la identidad española. Porque hacerlo implica «atacar frontalmente a la mayoría de los valencianos». Y a nadie se conquista entrándole con insultos. Mezquida aboga por formas que pongan en cuestión la identidad española, que reflexionen acerca de ella desde otros puntos de vista más favorables. Que se señale «sus debilidades e incoherencias, explicitando el conflicto [identitario] desde nuevos marcos que nos alejen del terreno afectivo y del marco étnico en los que la identidad española y el españolismo hallan un espacio de confort».

¿Compraría gasolina un hombre sin coche? ¿Se sumaría un vegetariano a una barbacoa? ¿Iría un animalista a una corrida de toros? A veces puede sonar algo parecida esta propuesta de utilizar el españolismo para acercar a la masa hacia postulados valencianistas. Pero es el único camino para conquistar a la población de una comunidad autónoma que, de acuerdo con el último barómetro del CIS (2012), es la que más española se siente detrás de Madrid y Castilla y León.

¿Por qué? Mezquida remite a las teorías de George Lakoff, autor del ensayo No pienses en un elefante. «Para que sea aceptada, la verdad ha de encajar en los marcos que tienen las personas. Si los hechos no encajan en un marco, los hechos rebotan y el marco se mantiene», advierte Lakoff. Mezquida suma un corolario: «Los hechos —el hecho nacional valenciano, el hecho lingüístico, el hecho económico— rebotarían contra el marco cognitivo [de los valencianos] —la identidad española— porque no encajan con el marco».

Identidad líquida. Él insta a cambiar el marco de referencia. Y ese proceso de reenmarque se consigue con cambio de lenguaje y de conceptos. De ahí el nuevo relato que propone para el valencianismo: alejado de maximalismos para conquistar a las mayorías y poner sobre la mesa el debate centro-periferia, urge un discurso en clave valencianista concebido para que «penetre mejor en esa gran mayoría de valencianos que se sienten muy cómodos instalados en el marco cognitivo-identitario español».
Según el andamiaje estratégico que levanta El valencianisme enfront d’Espanya, la clave está en dotar a la identidad nacional valenciana de una concepción líquida. La idea, con permiso de Zygmunt Bauman, puede sonar lejana. Pero es fácil de explicar. Si las identidades se entienden como algo rígido —una o la otra—, la opción española aplasta a la valenciana. Si son líquidas —flexibles, permeables, intercambiables, inclusivas, compatibles— se acomoda el discurso del valencianismo a una práctica ya existente: se puede reivindicar una mejor financiación y más autonomía valenciana, hacerlo en castellano y mientras el partido de la selección española está en el descanso. «La concepción de la identidad nacional sirve como catalizador del cambio identitario», dice. Es una dulce transición «sin costes ni exigencias». Una deconstrucción encubierta del españolismo.

Sólo así, insiste Mezquida, puede el discurso valencianista impregnar «un mosaico identitario, cultural y lingüístico tan complejo» como es un territorio con el 35,3 % de personas nacidas fuera de la Comunitat Valenciana y una frontera de ruptura sentimental entre Valencia y Alicante que aún orbita en torno a la línea Biar-Busot.

A rebufo de Podemos y C’s. Otra idea potente que defiende el libro a lo largo de sus 210 páginas es la conveniencia de aunar el discurso del valencianismo con el de la regeneración democrática. Traducción: subirse a la ola social que ha encumbrado a Podemos o Ciudadanos para que impulse al valencianismo. Un ejemplo clave: si el discurso de la regeneración aboga por mayor capacidad de decidir para conseguir más y mejor democracia y el del valencianismo apuesta por mayor capacidad de decidir para conseguir más y mejor autonomía/autogobierno, hace falta homologar los conceptos más y mejor democracia y más y mejor autonomía. En último término se trata de defender la capacidad de decidir, de preocuparse por dónde reside el poder. Así suena el nuevo relato valencianista: con más astucia pragmática y menos enroque maximalista.



Tags: política valenciana, identitat valenciana.



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