Premsa

El veneno oculto de la cosecha del ladrillo

11/1/2014
Publicat en Levante, 11/1/2014

Ésta es la historia de una cosecha que iba cargada de veneno al ser sembrada en la tierra y cuyos efectos tóxicos —invisibles cuando la collita salía reluciente al mercado y los compradores se embelesaban incluso con el rebuig— siguen contaminando hasta el último quarteró del gran bancal donde maduró.

Es la historia del estallido de la burbuja inmobiliaria en el territorio valenciano y sus perniciosas consecuencias en distintos frentes. Es, en fin, la radiografía de una tormenta económica incubada entre 1997 y 2007 —el tercer ciclo expansivo después de los periodos de bonanza de 1959-72 y 1985-90— que ha desembocado en una desertificación productiva en el ámbito económico, la práctica desaparición del entramado financiero público valenciano, un incremento desbocado del paro, un individualismo suicida entronizado como rey de los valores sociales, la degradación y cuasi agotamiento del patrimonio paisajístico litoral valenciano (con amenazas para el turismo), la bancarrota de la Administración —con el mismísimo autogobierno en la picota por una deuda financiera que supera los 30.000 millones de euros— y el contagio viral de la corrupción en el ámbito local y autonómico.

Más pobres durante el «boom». El análisis, que editará en breve la Fundació Nexe —el think tank del valencianismo—, ha sido escrito por el profesor Josep Lluís Miralles Garcia, doctor ingeniero de Caminos, Canales y Puertos que dirige el departamento de Urbanismo de la Universitat Politècnica de València. Bajo el título El darrer cicle immobiliari al País Valencià. O el progrés de la misèria, el estudio de 90 páginas deslumbra con una profusión de datos entre los que sorprende uno: en los años del boom, el PIB valenciano per cápita bajó respecto a la media de España.

Entre 1997 y 2007, hubo unos primeros años en los que se mantuvo en torno al 96 % de la media española, pero luego se hundió hasta el 90 % en 2007. «Es decir, el boom inmobiliario no ha traído más riqueza (...). Nos hemos empobrecido respecto a España durante el periodo de la explosión inmobiliaria», subraya el profesor Miralles. «Al centrarse en el sector de la construcción, muchas partes de la industria y de otros sectores desaparecieron. No porque estuvieran en crisis, sino porque se pasaban a un sector inmobiliario que ofrecía mejores resultados inmediatos. El problema es que el rendimiento no lo daba construir viviendas, sino especular: comprar y vender suelo con una expectativa de ganar más en la siguiente operación mientras la burbuja se iba hinchando. Y así sobrevino el crack», sintetiza Josep Lluís Miralles. Y ello se tradujo en más paro que la media española tras el pinchazo.

Un parque de casas desbocado. La desfeta del ladrillo se sintió especialmente en la Comunitat Valenciana, una terra mítica para la construcción. Según los datos del estudio, aunque la población valenciana no llega al 11 % del conjunto del Estado, los permisos de construcción constituyeron el 14 % de España y las viviendas finalizadas alcanzaron el 16,65 %. El resultado es asombroso cuando se compara el número de viviendas por cada mil habitantes que tiene la Comunitat Valenciana con el parque inmobiliario de Europa. Mientras que el Reino Unido tiene 443 viviendas por cada millar de habitantes, Alemania posee 490 casas, Francia cuenta con 509 techos y Holanda tiene 431 viviendas, España congrega 544 y la Comunitat Valenciana ha llegado a las 628 viviendas por cada mil habitantes. Entre el 38 y el 41 % de estos hogares no son principales, sino segundas residencias

De 500 €/m2 a 1.700 en 10 años. En el casino en el que todos ganaban, el peso del sector de la construcción llegó a representar el 11,2 % del PIB valenciano en 2006, cuando la media europea ronda el 6 %. Entonces, los precios se dispararon. En España alcanzó los 2.100 euros por metro cuadrado en 2007. En la Comunitat Valenciana, donde en 1997 se vendían los pisos a 500 euros el metro cuadrado, el máximo fue de 1.700 euros por metro en 2006. De una forma más gráfica: si en 1997 hacían falta 3,4 años de una renta laboral media para pagar una vivienda de valor medio, en 2007 se llegó a 6,8 años de salario íntegro medio para un piso normal. Cada año, como desglosa el estudio de la Fundació Nexe, el ritmo de encarecimiento era del 11,77 %. Y la ruleta seguía girando.

Es cierto que los precios han caído. Pero no lo suficiente. «El precio de la vivienda —afirma el profesor Miralles— habría de bajar aproximadamente un 50 % desde su máximo. Hasta ahora ha descendido un 35 %; por tanto, aún no se ha llegado al fondo de la caída del precio de la vivienda», que en su opinión se situaría en «unos 800 euros por metro cuadrado». Un piso libre de 100 metros cuadrados se habría de vender por 80.000 euros de media.

Hasta 75.000 millones parados. Esa senda bajista pueden marcarla los compradores a tenor de la amplia oferta inmobiliaria. Porque ése ha sido otro efecto del estallido de la burbuja: el exceso de patrimonio y los activos tóxicos que, como una metástasis, han inundado las poblaciones valencianas y los balances de empresas y entidades financieras. Según los cálculos del profesor de la Universitat Politècnica, cuando estalló la crisis en 2007 el exceso de viviendas en la Comunitat Valenciana se movía entre 405.000 y 471.000 casas de más. «Eso supone, en valor nominal o euros de cada año, un total de 54.933,6 a 74.875,4 millones de euros que han salido del sistema y no circulan», agrega el informe.

¿Y ahora qué? «Si a partir del año 2008, último año de exceso, no se empezara la construcción de ninguna vivienda, harían falta entre 15 y 21 años en el País Valencià para absorber el exceso, y entre 11 y 17 en España», aunque «también es posible que algunas de las viviendas edificadas no se vendan nunca», augura este experto en la sostenibilidad económica, social y ambiental del desarrollo urbano.

Sin cajas, con 77.000 desahucios. El frenazo del mercado de la compraventa de pisos ha provocado otros fluidos de veneno. Desde los activos tóxicos que inundaron el patio trasero de cajas de ahorros —«una consecuencia directa de esta situación ha sido la quiebra y la desaparición de la banca pública valenciana, es decir de las cajas valencianas: Bancaja con el Banco de Valencia, la CAM y otras menores como las cajas rurales», dice Miralles— hasta el drama social de los desahucios. Entre 2007 y el tercer trimestre de 2012, en la Comunitat Valenciana hubo 77.435 ejecuciones hipotecarias, casi una quinta parte de las registradas en toda España . «Puede que esta sea una de las consecuencias más dramática, amargas, injustas y crueles de la crisis y de la especulación inmobiliaria», subraya el estudio.

Un paisaje con triple herida. El paisaje ha sido una víctima colateral del progreso de la miseria forjado a base de paletazos de yeso y oscuros pelotazos. Tres procesos han incidido de forma grave: el urban sprawl —la dispersión urbana hacia las periferias de las poblaciones—, la apabullante edificación realmente ejecutada y, tal vez lo más desolador, la urbanización de sectores que finalmente no se han edificado y que quedan como cadáveres de la matanza económica. «Las transformaciones urbanas más grandes se han producido en las zonas prelitorales de Castelló y Valencia y en la zona litoral de Alicante, mientras que las transformaciones en el interior son mucho menores»», precisa el profesor.

Administración pobre y corrupta. La Administración también sale tocada de la resaca. Por un lado está la quiebra económica. Por otro, «la quiebra de la Administración como organización», una tesis avalada por «la larga lista de casos de corrupción». Urgen reformas, alerta el profesor Miralles. De lo contrario, pronto o tarde, los llauradors especializados en esta tierra sin frutos empezarán a afemar el bancal para sembrar otra cosecha de especulación.

Paco Cerdà



Tags: política valenciana, urbanisme.



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