Premsa

'Nuevos interrogantes tras este 11 de septiembre', de Vicent Soler

13/9/2012
Publicat en Levante, 13/9/2012

En este 11 de septiembre, mientras la presidenta de la Comunidad de Madrid pedía en sede parlamentaria la revisión a la baja del Estado de las autonomías (cuando no su desaparición, como ya había adelantado su mentor José María Aznar), un millón y medio de catalanes se manifestaban por la independencia. Panorama complicado para los que creían sinceramente (entre ellos muchos valencianos) que la España plural era posible.

La verdad es que no hay nada nuevo bajo el sol. O sí. Desde hace doscientos años, desde la primera Constitución liberal, la de Cádiz de 1812, las tensiones internas han caracterizado la construcción de España como estado-nación. Un Estado que se ha querido construir desde la lógica del nacionalismo español, es decir, desde la lógica del uniformismo identitario (España como una Castilla ampliada, ignorando las identidades no castellanas) y desde el centralismo (Madrid interpreta excluyentemente los intereses del conjunto del territorio).

Cada vez que se intentaba replantear el tema y ceder ante la evidencia de la España real, es decir, de la España plural, aparecía un espadón, un militar con su golpe de estado correspondiente y ponía «las cosas en su sitio». El 18 de julio de 1936 fue la última y más contundente de las reacciones militares ante esto y en defensa de otros privilegios sociales de las oligarquías tradicionales. Todo aderezado de un conservadurismo ideológico y religioso de gran alcance popular.

Por ello, la Constitución de 1978 fue una bocanada de aire fresco que quiso recomponer la pluralidad social y nacional de España, mediante la formulación del Estado Autonómico y el Estado del Bienestar. Y, por suerte, los espadones que han surgido en el camino no han tenido éxito y hoy gozamos de más de treinta años de democracia consolidada y de un diseño territorial mucho más eficiente para la mejora de las condiciones de vida de todos. Esto es, sin duda, lo nuevo bajo el sol.

Pero los nubarrones siempre han acechado. Porque lo que parecía un pacto histórico y sincero entre unos y otros ha resultado ser un pacto de circunstancias, visto lo visto. Quizá sea el anticatalanismo la expresión más zafia de la falta de sinceridad de unos „cuando se planteaba la idea de una España para todos los españoles„ y, en consecuencia, ha sido la gasolina que ha enardecido a quienes desconfiaban de esa idea de España.

Mientras tanto, los valencianos, con una derecha incapaz de zafarse de una mentalidad regionalista huera y sucursalista del nacionalismo español y una izquierda hecha un lío, lo tenemos crudo si queremos sobrevivir como pueblo. La eventual independencia de Cataluña nos deja, además, un poco más al pairo del inclemente nacionalismo español, porque perderíamos un potente aliado para trabajar por esa pluralidad interna en España. 

Sin duda, este 11 de septiembre plantea unos nuevos escenarios y unos nuevos interrogantes para los que continúan queriendo hacer de España un marco de convivencia útil y confortable para todos, no solamente para una parte.



Tags: política valenciana, model d'Estat.



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