Premsa

'El duque de Aquitania', d'Enric Juliana

23/10/2011
Publicat en La Vanguardia, 23/10/2011

Antes de que la crónica veloz –hoy todo es crónica deportiva– se olvide de los aburridos trenes de mercancías, tres nombres para el cuadro de honor. Si hay que repartir medallas por la interesante noticia del corredor mediterráneo, ahí van tres artífices: Joan Amorós, Josep Vicent Boira y Eliseu Climent.

El señor Amorós representa la secular tenacidad del especialista. En una sociedad en la que no abundan los altos funcionarios del Estado, el especialista entregado a su causa es una figura de singular relieve en el diorama catalán. Moviéndose con habilidad en Bruselas, el ingeniero industrial Joan Amorós, ex directivo de Nissan Motor Ibérica, ha logrado poner en marcha un verdadero lobby de escala europea en favor del corredor ferroviario del Mediterráneo. Desde el 2004, fecha de su fundación, la asociación Ferrmed ha sido el topo que no ha dejado de trabajar ni un solo día para conseguir una rectificación de las prioridades que la Comisión Europea fijó en el 2003, marginando –a instancias del gobierno de José María Aznar– la conexión de los puertos mediterráneos.

Josep Vicent Boira es profesor de Geografía en la Universitat de València. Lleva mucho tiempo estudiando el fenómeno de los corredores urbanos. Ha publicado un montón de libros y suele escaparse a Estados Unidos para ver cómo evoluciona el concepto región en el país más dinámico del mundo. Boira es el teórico de una relación de nuevo tipo entre Valencia y Catalunya. Ni Països Catalans –concepto irredentista que pone de los nervios a más del 90% de los valencianos–, ni región europea con capital en Barcelona, ni anticatalanismo primario e improductivo: trato de igual a igual, cooperación económica y paulatina pacificación de las relaciones culturales para preservar el tronco común. Boira habla de la Commonwealth valenciano-catalana y su idea tiene cada vez más adeptos. En el 2003 se indignó al conocer el designio de Bruselas y desde entonces no ha dejado de escribir en favor de la rectificación. Hay que ir a la hemeroteca para acabar de ver lo que significa el nuevo mapa ferroviario europeo. Si tienen tiempo –nada, cinco minutos– lean en la web de La Vanguardia la crónica que publicó Salvador Enguix el 3 de julio del 2003 (sección Vivir) y verán como estaban las cosas hace ocho años. Corresponsal en Valencia, Enguix nunca ha perdido el hilo de la jugada.

Eliseu Climent ha sido el gran resistente al estrangulamiento. Barroco, infatigable, mitad judío, mitad napolitano, ha organizado toda suerte de iniciativas para mantener viva la comunicación entre Catalunya y Valencia. No hace falta estar siempre de acuerdo con él para reconocer su mérito. Hace ya años intuyó –correctamente– que la economía podía ser la solución y promovió el Institut Ignasi Villalonga con el silente apoyo de algunas personas próximas al Partido Popular, personas allegadas a la figura de Villalonga, financiero y político de la derecha regional valenciana en tiempos de la República y empresario de empuje durante el franquismo. La versatilidad del catalanista Climent es verdaderamente italiana: don Ignasi Villalonga fue gobernador general de Catalunya en 1935 tras la suspensión de la Generalitat por los acontecimientos del Sis d'Octubre. Bajo el estandarte de la Derecha Regional Valenciana ha anidado el corredor mediterráneo.

Y aún cabe citar un cuarto nombre. Un hombre que no suele hablar de trenes. Juan Roig, propietario de Mercadona y uno de los empresarios que con mayor prontitud captaron la dimensión la crisis. En la Moncloa no le hicieron caso y lo tacharon de pesimista. Roig es la figura en la sombra que ha estimulado la dinamización de las asociaciones empresariales valencianas, claves en la reivindicación del corredor.

Reconocidos los méritos, hay que volver a los mapas. La partida se va a jugar a partir de ahora en Francia y en los laberintos de la fase más crítica de la Unión Europea. Los intereses regionales franceses no tienen tanto burbujeo como en España –país de juntas y teatrales agravios–, pero son muy fuertes. En Francia no hay barones autonómicos; hay señores de la política que se perpetúan en las alcaldías y en los consejos. Una aristocracia republicana que suele compaginar el dominio local con el puesto en París. Este es el caso del duque de Aquitania, Alain Juppé, alcalde de Burdeos y actual ministro de Defensa y Asuntos Exteriores. Juppé es el hombre fuerte de la región de Francia más interesada en la pacificación de Euskadi y en el tren de mercancías por Irun-Hendaya. El corredor atlántico. La conexión con el puerto de Bilbao, con Madrid y, a ser posible, con Portugal, país cada vez más alejado de su antiguo protector británico. Como bien saben en el Ministerio de Fomento, el poderoso duque de Aquitania –título oficioso que en su día perteneció al legendario Jacques Chaban-Delmas– ha seguido muy de cerca las deliberaciones sobre los corredores ferroviarios.

Se inicia, en todos los sentidos, una nueva etapa. En el País Vasco, por supuesto, y también en la España mediterránea. Y en la Francia del sur. Hay que volver a estudiar los mapas del poder regional francés y enviar embajadas. A Montpellier, Nimes y Lyon.



Tags: corredor mediterrani.



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